viernes, 1 de agosto de 2014

Dos extraños






El reloj marcaba las 23:45 horas. La noche era oscura y hacía un frio aterrador, pero aquella noche estaba muy caliente y dispuesto a cazar entre sus redes alguna inocente chica que se cruzara en su camino. Tomó su chaqueta y salió, caminó en dirección al centro de la ciudad, para tomar una copa en uno de los múltiples pubs de la zona, merodeó por el local hasta fijarse en una preciosa chica que jugueteaba con su móvil.


Tenía unos rasgos muy raciales, piel morena, cabellos negros, esbelta figura y una sonrisa pícara que enamoraba a los hombres.


Se sentó frente a ella y la observó detenidamente, fijándose en los atributos sexuales de aquella atractiva mujer. Cuánto más la miraba más dura se le ponía. Ella se dio cuenta de la mirada de aquel desconocido y pensó que era una buena opción seguirle el juego. Le dedicó su sonrisa, humedeció sus labios con su lengua y se los mordió de una forma tan sensual que él no pudo por más que acercarse a ella.


Cuando llegó a su lado le preguntó cortésmente si podía sentarse e invitarla a una copa, a lo que ella aceptó encantada.


Comenzaron a charlar para conocerse un poco y así cortar el hielo de lo que más tarde, irremediablemente, sucedería. En un momento de la conversación recibió una llamada de teléfono, le pidió disculpas y salió a atender dicha llamada.


Mientras caminaba, él pudo deleitarse con aquel precioso cuerpo, el vaivén de sus caderas con aquel estrecho vestido hacía que su culo pareciera una divinidad, algo que a él le parecía encantador pues su polla reaccionó de inmediato a punto de estallar.


Después de unos minutos, ella volvía y, mientras se acercaba, pudo ver la mirada libidinosa y obscena de él. Aquella mirada la calentó hasta tal punto que él apreciaba sus duros pezones a través del vestido. Ella le susurró algunas palabras al oído y él se levanto, pagó en la barra al camarero y salieron juntos. Caminaron algunas calles hasta llegar a un portal y mientras subían el ascensor fue testigo de la lujuria de aquel momento, de aquel incontrolable deseo, se tocaron y besaron de una manera voraz. 


Ya dentro de la casa, dieron rienda suelta a sus instintos, lentamente él desabrochó su vestido y acarició su cuerpo sin pudor alguno, ella se dejaba llevar sin oponerse a nada, sus bocas se buscaban una y otra vez y sus lenguas chocaban entre sí saboreando el delicioso néctar del deseo.


Poco a poco ella desabotonó la camisa de él, dejando al descubierto su torso suave y fuerte, empezó a besar su pecho delicadamente mientras sus manos intentaban torpemente desabrochar los pantalones. Cuando lo consiguió le recorrió con la mirada todo su cuerpo, estaba conmocionada al ver el maravilloso dios que tenía ante ella. Siguió besando su cuerpo deslizándose sugerentemente hasta su miembro; y, de una forma pecaminosa, la introdujo dentro de su boca. Él estaba muy excitado, notaba el calor de su boca en la polla y como su lengua lamía insaciable su glande; y miraba con atención el rostro de aquel ser que tanto placer le estaba dando.


Ella seguía chupando y lamiendo aquel duro apendice, sintiendo las embestidas desbocadas de él hacia su boca, buscando el más inmenso de los placeres, un placer que ella estaba dispuesta a darle, sintiendo que en ese momento él era totalmente de ella.




Después de unos minutos él decidió que era su momento, el momento de saborearla a ella. La tumbó encima de una mesa y muy despacio le bajó las braguitas y abrió sus piernas, pero antes de hacerlo, la besó; sus manos se detuvieron en sus pechos firmes y duros, buscó con su boca un pezón y lo chupó y mordió sin compasión alguna, buscando un ligero dolor, luego chupó y mordió el otro hasta hacerla gemir de placer. Entonces decidió que era el momento en que su coñito estaba preparado y que iba a saborear todo aquel placer que instantes antes le había proporcionado ella. Deslizó su lengua entre los labios de aquel jugoso coño, lo lamía y chupaba haciéndola estremecer de gusto, pero cuando sentía que ella ya no podía más, acariciaba su cuerpo, la penetraba con sus dedos y vuelta a empezar. No la iba a dejar que se corriera, quería torturarla, hacer que temblara, que se retorciera desesperada buscando el orgasmo, que no llegaría cuando ella quisiera, sino cuando él lo decidiera.


Ya, en un momento de locura, lo buscó desesperada abrazándolo y besándolo y pidiendo casi con lágrimas en los ojos que la follara. Sin más, él le dio la vuelta, le abrió las piernas y lentamente la penetró.


Él tembló al sentir aquel fuego, sentía como su polla era aprisionada por aquel estrecho coñito, además tenía una visión maravillosa de lo que estaba ocurriendo y de aquel despampanante culo que tanto le había encantado debajo de aquel estrecho vestido.


Después de unos minutos sus embestidas ya no eran suaves, eran fuertes y certeras, clavándola hasta lo más hondo, le azotaba las nalgas y las pellizcaba haciendo sentir en ella una quemazón en la piel que la excitaba aún más.




Mientras él la follaba, ella se masajeaba su clítoris para proporcionarse aún más placer; cuando ya no pudo más se dejó llevar corriéndose de una manera sobrenatural, su cuerpo convulsionaba y su vagina se dilataba y contraía proporcionándole a él un goce inigualable. Él agarró fuerte sus caderas y gritó al correrse dentro de ella, su cuerpo temblaba y sudaba. Hacía mucho tiempo que no follaba de esa manera y hacia mucho que una mujer no le hacía sentir un orgasmo cual puta experimentada.


Delicadamente se separó de aquel cuerpo que le había mantenido glorioso cómo antes nadie supo hacer.


Ya tendidos en la cama, con sus cuerpos sudados y aún temblando se acariciaron y besaron como dos enamorados, siendo dos extraños que esperaban el momento para amarse de nuevo.


 Freija

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...