martes, 19 de agosto de 2014

Historia de la lencería. Parte 2


En el periodo napoleónico, las cortesanas realzaban sus formas con el corsé, para así verse estilizadas y con una cintura de avispa, que por aquel entonces era símbolo de belleza y juventud. Fue una prenda muy usada en el siglo XIX y principios del XX, y ésta era una prenda que, más que realzar, deformaba el cuerpo femenino.



En la Belle Epoque y hasta la primera guerra mundial, la ropa interior femenina era toda blanca y con bordados hechos a mano, encajes, y filigranas. Al finalizar el XIX las mujeres utilizaban gran parte de su tiempo en vestirse, pero cuando el estilo de vida evoluciona lo que querían era ahorrarse todo ese tiempo, y no dedicarlo al arreglo personal.


Aparte del corsé las mujeres usaban una exagerada prenda llamada “crirolina”, que era una prenda interior femenina de tejido rígido y a veces con aros, que se usaba para dar vuelos a las faldas.

Bajo sus vestimentas usaban gran diversidad de prendas, pololos, camisas, corsés, cubrecorsés, enaguas, que tenían la misión de protegerlas de violaciones, o de ocultar embarazos, a la vez de ser prendas estéticas y decentes. El utilizar tantas prendas superpuestas no las hacía distinguir entre las clases sociales, lo que verdaderamente las distinguía era la calidad de las telas.

Fue la danza, allá por el año 1910, la que rompió esquemas, ya que las bailarinas necesitaban moverse con libertad en el escenario, y fue Isadora Duncan unas de las precursoras que decidió dejar el corsé por prendas más cómodas.


Ya en el siglo XX la lencería dejo de tener un uso práctico, y se convirtió en fetiche sexual, apareciendo las primeras prendas decoradas con formas más provocadoras.


En 1910 las mujeres todavía usaban prendas poco atractivas, con las que protegían su integridad, y la lencería lujosa estaba destinada a las mujeres que ejercían como amantes. Al finalizar la revolución industrial, en 1914, ya había surgido un cambio de mentalidad en la sociedad, y las mujeres realizaban trabajos en los que el corsé era un estorbo.

En los años 20 el corsé ya había pasado a la historia, y junto con las prendas amplias que usaban las “flappers” (estilo de vida de mujeres jóvenes, que vestían faldas cortas, no llevaban corsés, lucían un corte de pelo especial, y escuchaban música no convencional para aquella época y que también bailaban), aparecieron esas prendas íntimas que daban mayor libertad sexual.


En esta época en Francia, la lencería sexi es acogida por las chicas del cabaret, que se desnudan, aunque luego empieza a venderse en tiendas y catálogos, donde las amas de casas comienzan a comprarlas y usarlas para complacer a sus maridos.


La lencería sexual surge a través de la lucha de la mujer por el voto. Comienzan a trabajar, a ganar dinero, reivindican los mismos derechos que los hombres, siendo todo este compendio de cosas el inicio de su liberación sexual. Coco Chanel fue una de las principales precursoras de que estas prendas fueran cómodas y se le dijera adiós al corsé, dejando espacio al proceso de trasformación de las prendas interiores que conocemos hoy.


A finales del siglo XIX, fue cuando el sostén se separa del corsé. Se le otorga su invento a la francesa Herminie Cadolle, y fue exhibida en la exposición universal de 1900. Herminie fue la fabricante en esta época, de sostenes para reinas, princesas, bailarinas y actrices; como curiosidad os cuento que la espía Mata Hari se encontraba entres sus clientas. También se le otorga haber sido pionera en incorporar hilos elásticos a las prendas. Su tienda de moda” Cadolle” sigue abierta hoy en día.





A la vez que sucedían todos estos progresos en Europa, en el continente americano, la neoyorquina Mary Phelps Jacob inventó en 1913, el primer sujetador, atando dos pañuelos, fabricándolos para su familia y en 1914 consiguió la patente de su diseño.Se comercializo por todo Estados Unidos, siendo el primer diseño que tuvo éxito.



Freija.

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