sábado, 13 de septiembre de 2014

Las fantasías de Clara



La tarde estaba a punto de acabar, oscurecía poco a poco, y la noche comenzaba a caer, Clara comenzó a preparar todo para el día siguiente, sabía que iba a ser un día ajetreado y no quería que se le pasara nada por alto. Cuando acabó se dispuso a darse un baño para relajarse y olvidar un poco aquella monotonía que la estaba consumiendo. Mientras el agua hacia su papel sobre sus músculos, cerró los ojos añorando cierto contacto de su piel, aquel contacto que mediante caricias ya había olvidado, su cuerpo ya no era tan joven, la madurez había asomado de puntillas casi sin darse cuenta, y el trabajo y la carga familiar la hizo olvidarse de ella.

Estaba divorciada desde hacía 10 años, tenía dos hijos que se habían independizado hacía unos meses, y ahora por fin se encontraba sola, demasiado sola, pero sabía que era el momento, su momento, reencontrarse, y por fin dejar aflorar todos los sentimientos que había guardado en su corazón, aquellos sentimientos de amor y pasión que a causa de sus responsabilidades se había negado.

Salió del baño envuelta en un albornoz, se dirigió hacia la cocina y abrió una botella de vino, al día siguiente no había que trabajar, y era su cumpleaños así que se dijo ¿por qué no?; mientras daba pequeños sorbos de vino pulso el contestador y se dispuso a oír los mensajes, su hijo mayor Jaime, le había dejado uno felicitándola, cuando oía su voz se le iluminaba la cara, era su mayor orgullo, el grandioso Jaime que siempre estaba a su lado en los momentos más amargos de su vida ya no estaba con ella, para abrazarla y sacarle carcajadas aun cuando lo que deseaba era llorar, oyó cada palabra de aquel mensaje con lágrimas, Jaime estaba muy lejos, en Canadá, era su futuro y ella no era nadie para arrebatárselo.

Siguió oyendo los siguientes mensajes mientras volvía a echarse otra copa de vino, mensajes de compañeros, familiares y amigos y de pronto ahí estaba su mimada y consentida hija, la dulce voz de Elena, ella también estaba lejos, era miembro de una ONG y estaba en América del Sur, pero no había olvidado el cumpleaños de su madre, también oyó aquella voz con lágrimas en los ojos, después de todo eran sus hijos, por los que había sacrificado gran parte de su vida, y estaba orgullosa de ellos.

Creyó que había acabado todos los mensajes cuando de pronto una voz desconocida para ella surgió de aquel aparato desconcertándola, era Javier, un antiguo amigo de la adolescencia, y del que hacía muchos años no sabía nada, la estaba invitando a cenar, - oh... qué gran oportunidad!!- ...pensó, pero ya había quedado con las locas de sus amigas para celebrar su cumpleaños, así que tendría que llamarlo y declinar la invitación. Miro el reloj y vio que aún no era demasiado tarde, así que cogió el teléfono y se dispuso a llamar, saltó un contestador y sintió un enorme alivio al no tener que hablar directamente con él, dejo su mensaje que le daba las gracias por acordarse de ella, para seguidamente colgar el teléfono.

Las dos copas de vino que había tomado empezaban a hacer efecto en ella, así que se dirigió al dormitorio para acostarse, y al pasar ante un espejo de pie, colocado frente a la puerta, no pudo evitar contemplarse, los años no habían pasado inadvertidos, en su interior se dejaba reconcomer por los ideales de mujer que los medios de comunicación retrataban en las mentes de la moderna sociedad. La realidad era la de una hermosa mujer, madura, real y no estereotipada, de una belleza enigmática, misteriosa y cautivadora.


Se fue a la cama intentando procesar cada año de su vida marcado en su piel, que se describía como en una autobiografía, dura, pero tierna. Se tumbó en la cama, acariciando su cuerpo como si se tratase del mejor amante, su mano surcaba aquel mar, bravo, en su mayor esplendor, volviéndose manso con el trascurso de los años.

En sus caricias dejaba reflejada toda añoranza del ser amado, que emigró a otros brazos buscando una pasión inalcanzable, y que Clara no tenía en aquellos años, pero que existía en lo más profundo de su ser.




Dejó aflorar el deseo, y acariciaba sus pechos con fuerza, apretando sus pezones, imaginando la succión de unos labios desenfrenados, dejaba subir y bajar sus manos por su cuerpo, jadeaba y sudaba debido al movimiento acompasado de sus caderas y el arqueo de su espalda, buscando el abrazo de aquel amante. Se estremecía de placer, y su boca parecía buscar el miembro eréctil de un varón, el cual había forjado en su mente. Llego a su sexo acariciándolo y mimándolo, sus dedos buscaban nerviosos la cavidad húmeda que ella les presentaba, abrió sus piernas para dejarlos entrar, y una y otra vez introducía sus dedos en su coñito para autofollarse, el placer era cada vez más intenso y su clítoris comenzó a hincharse, con su otra mano empezó a acariciarlo, lo frotaba despacio queriendo parar el tiempo para saborear aún más su masturbación.



De pronto sus fantasías sexuales salieron a flote, se imaginaba en un lugar libre de prejuicios, algo que podríamos llamar un local swinger, allí podía ser observada mientras practicaba sexo, le ponía inmensamente cachonda el ser observada, se abría de piernas ante otros, y se masturbaba, buscando la mirada libidinosa de los  voyeurs. Mientras, ella seguía en su cama frotándose su clítoris cada vez más rápido, pero en su mente la fantasía seguía su ritmo, acariciaba sus pechos, llegando a lamer con su lengua los pezones, buscaba con desespero su vagina e introducía sus dedos, de forma rápida y contundente, los sacaba y los llevaba a su boca saboreando el jugo que su propio coñito le proporcionaba, y frotaba su clítoris con rapidez, realizaba movimientos sensuales, subiendo y bajando sus caderas antojándosele un orgasmo descomunal.




A punto de explotar, su cuerpo convulsionaba, ella jadeaba y gemía de placer, y su coñito se estremecía dejando ver todo su jugo, el orgasmo había llegado, y lo sentía en todo su cuerpo como ráfagas eléctricas, en ese momento uno de los observadores se levantó y fue hacia ella, acaricio todo su cuerpo, y lamió su coñito tomando sorbos de aquel manjar afrodisíaco, luego de una forma brusca, la tomo penetrándola hasta lo más profundo de su sexo y ella seguía estremeciéndose buscando un segundo orgasmo, aquel hombre la agarraba fuertemente, follándosela de una forma inusual, antes de acabar, saco la polla de aquel coñito que lo aprisionaba, y le ordeno que se la chupara, ella obedeció sin dudar, metió la polla en su boca y comenzó a chuparla, con una mano agarraba fuertemente el miembro de aquel desconocido, y con la otra frotaba su clítoris, para así poder correrse junto a él.





Le chupó la polla de una forma magistral, su lengua recorría cada centímetro, saboreándola, besándola, lamiéndola, dándole golpecitos certeros con su lengua sobre el glande, volviéndolo loco de placer, casi llegando a la eyaculación, apretó con su mano la polla masturbando y chupando a la vez, su clítoris cada vez más hinchado ya no pudo aguantar más y estalló en otro intenso orgasmo, él hizo lo mismo, eyaculando sobre sus tetas, sus gritos de placer se oyeron en todo el local, se tocaban y acariciaban sin cesar, sus ojos se buscaban para agradecer aquel éxtasis, y poco a poco aquella fantasía iba desvaneciéndose en su mente, su cuerpo sudaba y su respiración lentamente iba tornándose normal, se había quedado sin fuerzas, y las endorfinas hacían su aparición como el mejor de los sedantes, dejándose abandonar en los brazos de Morfeo, mañana ya sería otro día.



Freija.

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